
Mirko Ruggiero nació y se crió en la ciudad de Mendoza. De chico soñaba con ser fotógrafo profesional y su sueño se cumplió cuando integró el staff de la revista Primera Fila y luego el de Diario UNO. Lo que nunca se imaginó Mirko es que iba a convertirse en actor de tiras mexicanas. Y menos aún, que podría ser uno de los actores de la versión mexicana de Los simuladores o hacer TV con Adal Ramones, el conductores más famosos de ese país y quien estuvo al frente del “Bailando por un sueño internacional”.
Pero todo eso le sucedió.“En el año ’96 cuando se empezó a rodar en Mendoza la película Siete años en el Tíbet, trabajé como fotógrafo experimental. De ahí me quedó el contacto con la producción que me invitó a Estados Unidos para participar de un filme que se iba a realizar en Chicago”, rememora el joven.Lamentablemente o por suerte, el proyecto norteamericano se truncó y el actor se instaló en México. “Allí comencé a estudiar teatro y cuando egresé, conseguí mi primer papel en la telenovela Clase 406”, cuenta Mirko, en comunicación telefónica desde el Distrito Federal. Esa novela fue el punto de partida para una serie de proyectos televisivos en Televisa, que lo han transformado en un chico famoso en ese país del norte.
–Después de 10 años en México¿te considerás uno más?
–Me considero parte del país, pero no he querido perder la nacionalidad argentina. A fin de año, me dan la residencia mexicana, pero quiero mantener mi nacionalidad.
–¿Estás haciendo Los simuladores?
–Estaba propuesto para ser uno de los cuatro protagonistas, pero cuando se hizo el casting principal yo estaba de vacaciones en Mendoza, ya que había ido para pasar Navidad. Pero me llamaron para hacer una participación en el capítulo 12, donde interpretaba a un productor de TV que le pone “el cuerno” a su mujer con otra chica y Los simuladores entran en acción. La experiencia fue muy buena porque es algo que yo quería hacer, algo argentino. La serie acá tuvo mucho éxito, ya terminó y me han hablado para que tenga un personaje más destacado en la segunda temporada.
–Y, ¿has vuelto a las telenovelas?
–No, no he tenido ganas. Quiero algo mucho más real. Las novelas están bien porque tienen mucho rating pero por ahora quiero enfocarme en algo más “padre” como cine o teatro.
–¿Estás viviendo exclusivamente de la actuación?
–No. Estoy haciendo otro tipos de cosas. Por ejemplo, estuve como imagen de marcas muy conocidas a nivel internacional como Dolce & Gabbana y Cacharel, entre otras. Pero como imagen, no como modelo. No desfilo, voy a convenciones internacionales que realizan y estoy ahí como su imagen. También soy el conductor de los eventos de los celulares BlackBerry, hice una gira por el norte de México presentando los aparatos.
–¿Seguís realizando trabajos de fotógrafo?
–La fotografía la hago sólo para mí. Antes vivía de la fotografía, que es otra de las pasiones que tengo en mi vida, pero aquí no lo he hecho porque quería dedicarme al teatro.Vivir como extranjero
–¿Cómo es ser un argentino en México que trata de triunfar artísticamente? ¿Cómo te tratan tus colegas mexicanos?
–Bien. Hay de todo. Hay gente nacionalista que defiende su trabajo y hay otros que te dan una mano muy grande. Hay un compañero de trabajo, Alejandro, que estuvo conmigo en una serie de comedias que hicimos con Adal Ramones, que se llamo Y ahora qué hago, y este amigo me ayudó a prepararme para una audición. Con Adal quedó una amistad grande y hay proyectos para el año que viene.
–¿Cómo es trabajar con él?
–Es una persona muy exigente. Sería como el (Guillermo) Francella mexicano. Es un tipo con humor a flor de piel y con el que pegué muy buena onda. Hemos entablado una pequeña amistad y es un gran tipo.
–¿Cuál es la relación de Adal con Mendoza? En su programa Otro rollo, solía mandar saludos a estas tierras.
–Hace mucho, antes de trabajar con él, estuve en Mendoza y un grupo de familiares y amigos me dieron pancartas y una bandera argentina para que le llevara. Entonces fui al foro donde hacía el programa, le comenté lo que pasaba con su programa en nuestra provincia y él, agradecido, empezó a saludar a los mendocinos como parte de su familia. A partir de eso, algunos argentinos que viven aquí y lo ven por la calle le gritan: “¡Eh, mendocino!”.